Separación con hijos: dos casas, una tribu

Algunas ideas que encontré en Mom’s House, Dad’s House de Isolina Ricci y que dialogan profundamente con la teoría del apego de Gordon Neufeld.

Una separación con hijos suele venir acompañada de una mezcla difícil de certezas y preguntas. Queremos proteger a nuestros hijos, preservar los vínculos que los sostienen y encontrar una manera de atravesar los cambios sin que ellos queden atrapados en conflictos que pertenecen al mundo adulto. Cuando leí la siguiente frase por primera vez sentí algo parecido a lo que uno siente cuando encuentra las palabras para nombrar algo que intuía desde hacía tiempo, pero que todavía no había logrado formular.

«The end of the intimate bond with your mate does not mean the destruction of your bond in parenting.»

«El final del vínculo íntimo con tu pareja no significa la destrucción del vínculo como padres.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Gran parte de las conversaciones sobre separación con hijos giran alrededor de lo que termina: una pareja que se rompe, una convivencia que llega a su fin, un proyecto compartido que deja de existir. Este libro, en cambio, me invitó a desplazar la mirada hacia aquello que continúa. Porque cuando hay hijos, el final de una relación amorosa no implica el final de una familia. Implica, más bien, la necesidad de reorganizarla.

Durante el último tiempo leí bastante sobre separación, crianza y coparentalidad. Algunos libros me resultaron interesantes desde un punto de vista teórico; otros ofrecían estrategias útiles para resolver situaciones concretas. Pero hubo uno al que volví varias veces y que, al menos en Argentina, rara vez aparece entre las recomendaciones: Mom’s House, Dad’s House, de Isolina Ricci.

Cuando una separación con hijos ocurre, es habitual que gran parte de la atención se concentre en cuestiones legales, económicas o logísticas. Sin embargo, con el tiempo fui descubriendo que había otra pregunta igual de importante y mucho menos abordada: ¿cómo cuidar el mundo vincular de un niño mientras la familia se reorganiza? Fue esa pregunta la que me llevó una y otra vez a volver sobre este libro.

No es un libro sobre cómo evitar una separación. Tampoco intenta determinar quién tiene razón cuando una pareja se rompe. Su pregunta es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más profunda:

¿Cómo cuidamos a nuestros hijos cuando la estructura familiar cambia?

Como desarrollo con más profundidad en ¿Qué es el apego?, la principal necesidad de un niño durante los momentos de cambio no es que todo permanezca igual, sino contar con vínculos que le ofrezcan continuidad y seguridad.

Separación con hijos: cuando el deseo es claro, pero el camino no

Creo que muchas personas llegan a una separación con unas pocas certezas y una enorme cantidad de dudas.

Las certezas suelen parecerse bastante entre sí. Queremos proteger a nuestros hijos. Queremos que puedan seguir queriendo a ambos padres. Queremos evitar que queden atrapados en conflictos que pertenecen al mundo adulto. Queremos preservar, en la medida de lo posible, el respeto mutuo y construir una relación de coparentalidad que pueda sostenerse en el tiempo.

El problema aparece inmediatamente después.

  • ¿Cómo se hace?
  • ¿Cómo evitamos repetir historias que vimos una y otra vez en nuestras propias familias o en las de quienes nos rodean?
  • ¿Qué hacemos cuando volvemos a reaccionar desde lugares que justamente queríamos dejar atrás?
  • ¿Cómo respondemos cuando el enojo, la frustración o el miedo empiezan a ocupar demasiado espacio?

Y, sobre todo, ¿cómo construimos algo nuevo cuando los modelos que conocimos estuvieron marcados por el conflicto, los silencios o las heridas?

Al menos para mí, esa fue la pregunta más difícil. No me costaba imaginar el horizonte al que quería llegar. Sabía que deseaba proteger el vínculo de mi hijo con ambos padres y construir una relación respetuosa a largo plazo. Lo que no tenía tan claro era el camino para hacerlo.

Fue en ese momento cuando encontré Mom’s House, Dad’s House. Y, más que un libro sobre separación con hijos, encontré una colección de ideas, ejemplos y herramientas que me ayudaron a pensar de otra manera un territorio para el que no tenía demasiadas referencias.

No lo viví como un manual ni como un conjunto de respuestas definitivas. Lo sentí más bien como una conversación con alguien que llevaba muchos años acompañando familias atravesadas por situaciones similares y que, en lugar de ofrecer soluciones universales, mostraba distintos caminos posibles.

Quizás por eso sigo volviendo a él.

Un libro práctico en el mejor sentido de la palabra

Por mi formación y por la cultura en la que crecí, estoy bastante familiarizada con las explicaciones sobre el pasado. En Argentina tenemos una enorme tradición de introspección. Sabemos analizar. Sabemos reconstruir historias. Sabemos identificar patrones, heridas y mandatos familiares.

Y todo eso puede ser profundamente valioso.

Sin embargo, muchas veces, después de comprender por qué hacemos lo que hacemos, aparece una pregunta diferente.

  • ¿Qué hago mañana?
  • ¿Qué hago en la próxima conversación difícil?
  • ¿Qué hago cuando mi hijo me pregunta algo que no sé responder?
  • ¿Qué hago cuando descubro que vuelvo a reaccionar desde un lugar que justamente quería transformar?

Lo que encontré en Mom’s House, Dad’s House fue algo que me hubiera gustado encontrar mucho antes: herramientas.

No herramientas entendidas como recetas infalibles ni como protocolos para aplicar automáticamente, sino recursos concretos para orientarme en situaciones complejas. El libro no intenta negar el dolor de una separación con hijos ni minimizar los conflictos que pueden aparecer. Tampoco propone una imagen idealizada de la coparentalidad. Lo que hace es ofrecer criterios para pensar qué decisiones ayudan a proteger a los niños y cuáles, por el contrario, terminan colocándolos en el centro de disputas que nunca deberían pertenecerles.

En ese sentido, es un libro profundamente práctico. No porque simplifique la realidad, sino porque intenta responder una pregunta que muchas veces queda desatendida: ¿cómo se construye, en la práctica, una nueva forma de ser familia?

Abandonar la búsqueda de culpables

Una de las ideas más liberadoras del libro aparece cuando Ricci propone abandonar la lógica de la culpa.

«The third alternative is viewing the situation as a problem to solve instead of placing blame.»

«La tercera alternativa consiste en considerar la situación como un problema a resolver en lugar de buscar culpables.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Puede parecer una idea sencilla, pero tiene consecuencias profundas.

Mientras la pregunta sea quién tuvo la culpa, toda la energía queda atrapada en el pasado. En cambio, cuando empezamos a pensar la situación como un problema que necesita ser abordado, la atención se desplaza hacia el futuro y hacia las responsabilidades que todavía podemos asumir.

Leyendo este capítulo pensaba mucho en la teoría de la maduración de Gordon Neufeld. Quizás porque pocas experiencias nos confrontan tanto con nuestros propios procesos madurativos como una separación con hijos.

Separarse implica adaptarse a una realidad que no elegimos, elaborar pérdidas, revisar expectativas y aprender a convivir con emociones intensas que muchas veces aparecen todas al mismo tiempo. Hay días de alivio y días de tristeza; momentos de enojo y momentos de gratitud; instantes en los que sentimos que avanzamos y otros en los que pareciera que retrocedemos.

Desde la perspectiva de Neufeld, madurar no significa dejar de experimentar esas emociones, sino desarrollar la capacidad de atravesarlas sin quedar completamente gobernados por ellas. Significa poder integrar experiencias aparentemente contradictorias: reconocer que una persona puede habernos lastimado profundamente y seguir siendo una figura esencial para nuestro hijo; aceptar que una relación amorosa puede terminar sin que eso implique la desaparición del vínculo parental; comprender que el bienestar de nuestros hijos depende, en gran medida, de nuestra capacidad para sostener esas complejidades.

En ese sentido, abandonar la búsqueda de culpables no es sólo una estrategia para comunicarnos mejor con el otro progenitor. Es, sobre todo, una invitación a cambiar la pregunta. En lugar de quedarnos atrapados en lo que ocurrió, podemos empezar a preguntarnos qué necesitamos construir a partir de ahora, qué recursos necesitamos desarrollar y de qué maneras podemos acompañar mejor a nuestros hijos mientras atravesamos este proceso.

Quizás uno de los mayores desafíos de una separación con hijos consista justamente en eso: dejar de pensar únicamente en el final de una relación para empezar a construir las condiciones que permitan preservar los vínculos que los niños necesitan para seguir creciendo.

Separación con hijos: dos casas, una tribu

Una de las ideas centrales de Mom’s House, Dad’s House es que, después de una separación con hijos, el desafío no consiste simplemente en repartir tiempos entre dos hogares. El verdadero desafío es ayudar a que los niños sigan sintiéndose en casa.

Mientras leía el libro, me encontré pensando muchas veces en un concepto de Gordon Neufeld que me acompaña desde hace años: la tribu de apego.

Solemos imaginar la separación con hijos como la ruptura de una unidad. Sin embargo, quizás una pregunta más útil sea otra: ¿cómo preservar —e incluso ampliar— la red de vínculos que sostiene a un niño?

Ricci lo expresa con mucha claridad:

«When children believe—because their parents believe—that they have an expanded family that includes two intact homes where they belong and are wanted, everyone gains the security of continuity…»

«Cuando los niños creen —porque sus padres también lo creen— que tienen una familia ampliada que incluye dos hogares donde pertenecen y son queridos, todos ganan la seguridad que brinda la continuidad.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Lo que más me conmovió de esta idea es que desplaza la atención desde las casas hacia los vínculos.

Los niños no se apegan a un edificio ni a una dirección. Se apegan a las personas. A quienes los esperan cuando llegan, conocen sus historias, recuerdan aquello que les importa y siguen ofreciéndoles un lugar al que regresar.

Por eso me resulta tan sugerente pensar la separación con hijos no sólo como la reorganización de dos hogares, sino también como la reorganización de esa red de relaciones que sostiene la vida de un niño.

En crEO solemos hablar de la importancia de criar en comunidad. Esa idea está desarrollada con más profundidad en Juego libre y crianza compartida: ¿por qué pensamos en mapadres?, donde reflexiono sobre el valor de las redes de sostén durante la crianza.

Como suele recordar Gordon Neufeld, el apego no es un lugar físico. Es una relación.

Si te interesa profundizar en esta idea, escribí un artículo dedicado a explicar qué entendemos por apego desde la perspectiva de Gordon Neufeld y por qué constituye la base del desarrollo emocional.

Esa idea tiene consecuencias profundas. Significa que la continuidad que necesitan los niños no depende únicamente de conservar determinadas rutinas o de seguir viviendo bajo un mismo techo. Depende, sobre todo, de la continuidad de los vínculos que les permiten descansar emocionalmente mientras el resto de su mundo cambia.

En este punto, Ricci vuelve a hacer una observación que dialoga de manera muy natural con la teoría del apego.

«Children who do best are those whose parents make them feel loved and wanted in each home, whose parents have a way to relate to one another that keeps the children out of their disagreements…»

«Los niños que mejor atraviesan estas situaciones son aquellos que se sienten queridos y deseados en ambos hogares y cuyos padres encuentran maneras de relacionarse que los mantienen al margen de sus conflictos.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Leyendo estas líneas volvía una y otra vez a una idea central de Gordon Neufeld: el apego no es el objetivo final de la crianza. Es el contexto en el que ocurre la maduración.

Cuando un niño puede descansar en sus vínculos, se encuentra en mejores condiciones para adaptarse a los cambios que no eligió, elaborar las pérdidas que inevitablemente acompañan una separación, integrar emociones complejas y, poco a poco, desplegar su propia individualidad. La seguridad afectiva no evita el sufrimiento ni elimina las dificultades de la vida. Lo que hace es ofrecer un suelo desde el cual esas experiencias pueden ser atravesadas sin quedar completamente solo frente a ellas.

Quizás por eso la pregunta no sea únicamente cómo organizamos dos casas. Tal vez la pregunta más importante sea cómo preservamos las condiciones relacionales que permiten que esos procesos madurativos continúen desarrollándose aun cuando la forma de la familia haya cambiado.

¿Quién seguimos siendo para nuestros hijos?

Cuando una familia se transforma, es muy fácil que la atención quede absorbida por cuestiones organizativas. Horarios, calendarios, vacaciones, mudanzas, traslados, acuerdos. Todo eso importa y, en muchos casos, ocupa una enorme cantidad de energía.

Sin embargo, mientras leía el libro tenía la sensación de que Ricci nos invitaba a mirar un nivel diferente del problema.

No sólo nos preguntaba cómo organizar la vida cotidiana. También nos invitaba a preguntarnos quiénes seguimos siendo para nuestros hijos mientras atravesamos esos cambios.

Hay una frase de Gordon Neufeld a la que vuelvo con frecuencia porque logra condensar esa idea con enorme precisión.

«The secret of parenting is not in what a parent does but rather who the parent is to a child.»

«El secreto de la crianza no está en lo que un padre hace, sino en quién es para su hijo.»

— Gordon Neufeld

Me gusta porque desplaza el foco desde las acciones hacia la relación. No pregunta si estamos haciendo todo correctamente. Pregunta cuál es el lugar que seguimos ocupando en el mundo emocional de nuestros hijos.

Ricci expresa esa misma intuición desde otra perspectiva cuando escribe:

«Nothing can substitute for you in your child’s life.»

«Nada puede sustituirte en la vida de tu hijo.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

A continuación recuerda que son los propios padres quienes pueden transmitir a sus hijos que siguen teniendo una familia, que continúan siendo importantes y que todavía pertenecen a una comunidad de personas que los quiere y los cuida.

Creo que esa idea resulta especialmente valiosa porque modifica la manera de pensar la separación con hijos. En lugar de preguntarnos exclusivamente qué perdió un niño cuando sus padres dejaron de vivir juntos, también nos invita a preguntarnos qué podemos hacer para preservar aquello que todavía permanece. La respuesta de Ricci es clara: el sentimiento de pertenencia no depende únicamente de compartir una casa. Depende de la calidad y de la continuidad de los vínculos que los adultos somos capaces de sostener.

Qué me enseñó este libro sobre la separación con hijos

Si tuviera que resumir qué me dejó Mom’s House, Dad’s House, diría que me ayudó a desplazar el foco de mis preocupaciones.

Antes de leerlo, gran parte de mis preguntas giraban alrededor de los errores que debía evitar. ¿Qué pasa si me equivoco? ¿Qué consecuencias puede tener una mala decisión? ¿Cómo hago para no repetir historias que ya conozco?

El libro no respondió todas esas preguntas. Hizo algo más interesante: me ayudó a formular otras.

En lugar de preguntarme únicamente qué podía salir mal, empecé a preguntarme qué condiciones necesitaba cuidar para que mi hijo siguiera sintiéndose seguro, querido y acompañado. En lugar de pensar la separación con hijos exclusivamente como la pérdida de una forma de familia, empecé a verla también como el desafío de reorganizar una red de vínculos que todavía podía ofrecer continuidad y pertenencia.

Creo que esa es, finalmente, la principal contribución del libro. No propone un modelo ideal de coparentalidad ni promete relaciones armónicas entre personas que muchas veces están atravesando un enorme sufrimiento. Lo que ofrece es un cambio de perspectiva. Nos recuerda que, aun cuando la relación de pareja termina, la tarea de cuidar el mundo vincular de un niño continúa.

Quizás por eso el concepto de tribu de apego de Gordon Neufeld resonó tanto en mí durante toda la lectura. Me permitió poner en palabras algo que el libro sugiere de distintas maneras: una familia puede cambiar profundamente de forma sin dejar de ofrecer aquello que un niño necesita para seguir creciendo. La continuidad no está garantizada por una casa, una rutina o un acuerdo perfecto entre los adultos. Se construye, día a día, en la calidad de los vínculos que somos capaces de preservar.

Y, si tuviera que recomendar este libro, probablemente no lo haría porque tenga todas las respuestas. Lo recomendaría porque ayuda a formular mejores preguntas. Preguntas que desplazan la atención desde el conflicto entre los adultos hacia aquello que, en medio de todos los cambios, sigue siendo la responsabilidad más importante: cuidar las relaciones que sostienen el desarrollo de nuestros hijos.

Quizás por eso el cine me resulta una herramienta tan valiosa para pensar la crianza. Películas como Kramer vs. Kramer o Aftersun permiten observar, con una sensibilidad difícil de encontrar en otros formatos, cómo los niños viven las transformaciones familiares y qué lugar ocupan los vínculos en esa experiencia. Reuní esas reflexiones en el artículo Películas sobre crianza y vínculo, donde analizo distintas películas que ayudan a mirar la crianza desde otra perspectiva


Preguntas frecuentes sobre la separación con hijos

¿Cómo afecta una separación a los hijos?

No existe una única respuesta, porque cada niño atraviesa la separación de manera diferente. Lo que más influye en su bienestar no es únicamente el hecho de que sus padres dejen de vivir juntos, sino la forma en que los adultos acompañan ese proceso. Cuando los niños pueden mantener vínculos seguros con ambos progenitores, quedan al margen de los conflictos de la pareja y encuentran adultos capaces de ofrecer continuidad, pertenencia y estabilidad emocional, cuentan con mejores condiciones para adaptarse a los cambios que no eligieron.


¿Qué es la coparentalidad?

La coparentalidad es la relación que dos adultos construyen para seguir ejerciendo juntos la tarea de criar a sus hijos, independientemente de que continúen o no siendo pareja. No implica estar siempre de acuerdo ni mantener una relación perfecta. Significa asumir que el vínculo amoroso puede terminar mientras la responsabilidad compartida de cuidar a los hijos continúa. En ese sentido, la coparentalidad consiste menos en evitar todos los conflictos y más en encontrar maneras de que esos conflictos no recaigan sobre los niños.


¿Cómo hablar de una separación con los hijos?

No existe una conversación perfecta, pero sí algunos principios que suelen ayudar. Los niños necesitan explicaciones claras, acordes a su edad y, sobre todo, la tranquilidad de saber que seguirán siendo cuidados y queridos por los adultos que son importantes para ellos. También necesitan percibir que no son responsables de la separación y que no tendrán que elegir entre uno u otro progenitor. Más que encontrar las palabras exactas, suele ser importante transmitirles que siguen perteneciendo a una familia que continuará acompañándolos, aunque haya cambiado de forma.


¿Es posible criar bien después de una separación?

Sí. Una separación modifica profundamente la organización de una familia, pero no impide construir vínculos seguros y saludables. Muchas investigaciones muestran que los niños pueden desarrollarse de manera favorable cuando cuentan con adultos que logran preservar las relaciones importantes para ellos, disminuyen la exposición al conflicto y sostienen una presencia afectiva consistente. El desafío no consiste en construir una familia perfecta, sino en reorganizarla de una manera que siga ofreciendo seguridad y pertenencia.


¿Qué libro recomiendo sobre separación con hijos?

Si tuviera que recomendar un único libro, sería Mom’s House, Dad’s House, de Isolina Ricci. Aunque fue publicado hace varios años, muchas de sus ideas siguen teniendo una enorme vigencia. Me resultó especialmente valioso porque no se concentra en buscar culpables ni en explicar por qué una pareja se separó, sino en pensar cómo reorganizar la vida familiar para proteger el mundo vincular de los niños. Leído junto con la teoría del apego de Gordon Neufeld, ofrece una perspectiva muy rica para pensar la coparentalidad y el desarrollo emocional durante una separación.


¿La separación siempre perjudica a los hijos?

Una separación no es, por sí misma, aquello que más perjudica a un niño. En muchos casos, continuar viviendo en un contexto de conflicto intenso puede resultar más difícil que atravesar una reorganización familiar acompañada con cuidado. Lo que suele marcar una diferencia es la manera en que los adultos gestionan ese proceso: cómo hablan del otro progenitor, cómo resuelven los desacuerdos, qué lugar ocupan los niños dentro del conflicto y cuánto logran preservar los vínculos que les ofrecen seguridad. Desde la teoría del apego, el foco no está puesto únicamente en la estructura familiar, sino en la calidad de las relaciones que sostienen el desarrollo del niño.


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