Dos casas, una tribu: separación y apego

«The end of the intimate bond with your mate does not mean the destruction of your bond in parenting.»
«El final del vínculo íntimo con tu pareja no significa la destrucción de su vínculo como padres.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Cuando leí esta frase por primera vez sentí algo parecido a lo que uno siente cuando encuentra palabras para nombrar algo que intuía, pero todavía no lograba formular.

Porque gran parte de las conversaciones sobre separación giran alrededor de lo que termina. Este libro, en cambio, me invitó a pensar en aquello que continúa.

Durante el último tiempo leí bastante sobre separación, crianza y coparentalidad. Algunos libros me resultaron útiles, otros no tanto. Pero hubo uno al que volví varias veces y que, al menos en Argentina, rara vez aparece entre las recomendaciones: Mom’s House, Dad’s House, de Isolina Ricci.

No es un libro sobre cómo evitar una separación. Tampoco es un libro sobre quién tiene razón cuando una pareja se rompe. Es un libro sobre una pregunta mucho más importante:

¿Cómo cuidar a los niños cuando la estructura familiar cambia?

Cuando el deseo es claro, pero el camino no

Creo que muchas personas llegan a una separación con algunas pocas certezas y una enorme cantidad de dudas.

La certezas suelen ser las siguientes:

  • Quiero proteger a mi hijo.
  • Quiero poder llevarme bien con el otro progenitor a largo plazo.
  • Quiero que haya paz.
  • Quiero hacerlo distinto.

Pero después aparecen las preguntas difíciles.

  • ¿Cómo se hace?
  • ¿Cómo evitamos repetir historias que vimos una y otra vez?
  • ¿Cómo actuamos cuando nos sentimos frustrados, alarmados o heridos?
  • ¿Qué hacemos cuando volvemos a caer en dinámicas que justamente queríamos evitar?
  • ¿Cómo salimos de ahí?
  • ¿Cuáles son las prioridades cuando hay niños en el medio?

Y, sobre todo, ¿cómo hacemos para construir algo nuevo cuando los modelos que conocimos estuvieron marcados por el conflicto, los silencios o las heridas?

Cuando los viejos guiones ya no nos sirven

Hace un tiempo grabé un reel para el Instagram de crEO que comparaba lo que nos pasa a la hora de encontrar nuestra propia voz como mapadres, con algo que le sucede a Buzz Lightyear en Toy Story.

En la primera película de la saga, Buzz interpreta todo lo que le sucede a partir de una historia que cree verdadera. Está convencido de que es un guardián espacial. Lee cada acontecimiento a través de ese relato y organiza su identidad alrededor de él.

Hasta que poco a poco descubre que la historia que daba sentido a su mundo no era exactamente la realidad. Que no es quien creía ser. Y lo interesante es que este descubrimiento no ocurre en soledad. Es a través de sus vínculos con los otros juguetes que Buzz empieza a tomar conciencia de sí mismo. Son ellos quienes lo confrontan, lo sostienen y lo acompañan en el proceso de revisar la historia que había construido sobre sí mismo.

Pero hay algo más. Esa historia en la que creía Buzz no surgió de la nada. Venía incorporada en el propio juguete. Era el guion con el que llegó al mundo. Y creo que algo parecido nos ocurre a los seres humanos.

Todos crecemos rodeados de relatos acerca de qué es una familia, cómo se resuelven los conflictos, qué significa separarse, qué hacen los buenos padres o qué ocurre cuando una pareja se rompe. Muchas veces no elegimos esos relatos. Los heredamos. Los absorbemos observando a nuestras familias, a nuestro entorno, a las películas que vimos y a las historias que escuchamos una y otra vez.

Por eso, cuando atravesamos una separación, no sólo nos enfrentamos a una situación nueva. También nos encontramos con esos viejos guiones que siguen operando dentro nuestro. Y aunque conscientemente deseemos algo diferente, a veces nos descubrimos reaccionando desde historias que nunca elegimos escribir y patrones que nos resulta muy difícil desactivar.

Al menos para mí, lo difícil no fue identificar qué cosas no quería repetir. Lo difícil fue desactivar esos viejos guiones y, en paralelo, descubrir qué hacer en su lugar.

  • ¿Cómo se construye una relación de coparentalidad cuando los modelos que conocemos estuvieron marcados por el conflicto?
  • ¿Cómo se preserva el vínculo cuando la pareja ya no existe?
  • ¿Cómo se evita que los hijos queden atrapados en problemas que pertenecen a los adultos?

Sabía cuál era el horizonte. Quería proteger a mi hijo. Quería preservar sus vínculos. Quería construir una relación respetuosa con su papá a largo plazo. Lo que no tenía tan claro era el camino.

Y quizás por eso vuelvo tantas veces a la imagen de Buzz. Porque la historia no termina cuando descubre que el viejo guion ya no le sirve. En Toy Story 4, Woody le aconseja que empiece a escuchar su voz interior. Pero Buzz interpreta ese consejo de manera literal. Cree que su «voz interior» son las frases pregrabadas que vienen incorporadas en el muñeco. Cada vez que tiene una duda, aprieta los botones de su traje y escucha una de las consignas con las que salió de fábrica.

Vista desde afuera, la situación es bastante absurda. Y sin embargo, hay algo profundamente humano en ella. Porque muchas veces necesitamos apoyarnos en mapas prestados antes de encontrar el nuestro. Necesitamos libros, referentes, terapeutas, amigos, comunidades o experiencias que nos ayuden a orientarnos cuando todavía no sabemos muy bien hacia dónde ir.

Lo interesante es que Woody nunca le pidió a Buzz que reemplazara su criterio por una voz ajena. Lo que intentaba señalarle era algo mucho más difícil: la necesidad de desarrollar una brújula propia. Y, paradójicamente, es a través de ese malentendido que Buzz empieza a encontrarla.

Las frases grabadas no le dicen exactamente qué hacer. Él las interpreta. Las pone a prueba. Les da significado en función de las situaciones que atraviesa. De alguna manera, funcionan como apoyos transitorios mientras desarrolla algo más importante: la capacidad de escucharse a sí mismo.

Creo que algo parecido me ocurrió con este libro. No lo viví como un manual ni como un conjunto de respuestas definitivas. Lo viví como un mapa prestado. Un mapa que me permitió orientarme en un territorio para el que no tenía demasiadas referencias y que, precisamente por eso, me ayudó a construir mi propia experiencia.

Por eso me gustó tanto Mom’s House, Dad’s House. Porque más que ofrecer respuestas cerradas, me mostró que existen otros guiones posibles. No porque negara las dificultades ni porque prometiera finales felices, sino porque mostraba ejemplos concretos de personas intentando construir algo distinto.

Y cuando uno no tiene demasiados modelos cercanos de cómo hacerlo, descubrir que existen otras posibilidades no sólo resulta alentador: puede cambiar por completo la manera en que imaginamos el futuro.

Quizás no sea casual que haya llegado a estas ideas a través de personajes como Buzz Lightyear. El cine suele ayudarnos a pensar experiencias complejas de una manera distinta. (Como ya había explorado en este artículo sobre películas sobre crianza y vínculo o en este otro con una selección de cine infantil que no infantiliza.)

Un libro práctico en el mejor sentido de la palabra

Quizás por mi formación y por la cultura en la que crecí, estoy bastante familiarizada con las explicaciones sobre el pasado. Argentina tiene una enorme tradición de introspección. Sabemos analizar. Sabemos reconstruir historias. Sabemos identificar patrones, heridas y mandatos familiares.

Y todo eso puede ser valiosísimo. Pero muchas veces, después de comprender por qué hacemos lo que hacemos, aparece otra pregunta:

  • ¿Qué hago mañana?
  • ¿Qué hago en la próxima conversación difícil?
  • ¿Qué hago cuando mi hijo me pregunta algo que no sé responder?
  • ¿Qué hago cuando vuelvo a reaccionar desde un lugar que no me gusta?

Lo que encontré en Mom’s House, Dad’s House fue algo que me hubiera gustado encontrar mucho antes: herramientas. No tanto explicaciones sobre por qué existen ciertos conflictos, sino recursos concretos para pensar qué hacer con ellos.

Abandonar la búsqueda de culpables

Una de las ideas más liberadoras del libro aparece cuando Ricci propone abandonar la búsqueda de culpables.

«The third alternative is viewing the situation as a problem to solve instead of placing blame.»
«La tercera alternativa consiste en considerar la situación como un problema a resolver en lugar de buscar culpables.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Es una invitación sencilla, pero profundamente transformadora. Porque cuando dejamos de preguntarnos quién tiene razón, podemos empezar a preguntarnos qué necesitan nuestros hijos y qué necesitamos construir para acompañarlos mejor.

Leyendo este capítulo pensaba mucho en la teoría de la maduración de Gordon Neufeld. Quizás porque una separación nos confronta, como pocas experiencias, con nuestros propios procesos madurativos.

Nos exige adaptarnos a una realidad que no elegimos. Nos enfrenta a frustraciones, pérdidas y duelos. Nos obliga a renunciar a ciertas expectativas y a construir nuevas formas de habitar el presente.

Y ese proceso rara vez es lineal. A veces estamos enojados. A veces tristes. A veces aliviados. A veces sentimos varias de esas cosas al mismo tiempo.

Desde la mirada de Neufeld, madurar no significa dejar de sentir emociones difíciles. Significa desarrollar la capacidad de atravesarlas sin quedar atrapados en ellas.

Significa poder integrar lo contradictorio. Poder reconocer, por ejemplo, que una persona puede habernos lastimado profundamente y seguir siendo una figura importante para nuestro hijo. Que una relación puede haber terminado y, al mismo tiempo, seguir existiendo una responsabilidad compartida. Que podemos sentir enojo y gratitud, alivio y tristeza, distancia y cuidado.

Cuando logramos sostener esas complejidades sin reducirlas a buenos y malos, ganamos libertad para tomar decisiones más sabias. Y quizás por eso abandonar la búsqueda de culpables resulta tan transformador.

Porque nos permite dejar de mirar hacia atrás para empezar a preguntarnos cómo construimos lo que viene. Cómo nos adaptamos. Cómo encontramos nuevas formas de sostenernos. Cómo desarrollamos los recursos internos y externos que necesitamos para atravesar esta etapa. Y cómo, poco a poco, transformamos una crisis en una oportunidad de crecimiento para toda la familia.

Dos casas, una tribu

Una de las ideas centrales del libro es que, después de una separación, el desafío no consiste simplemente en repartir tiempos entre dos hogares. El desafío es ayudar a que los niños sigan sintiéndose en casa. Y mientras lo leía, me encontré pensando muchas veces en un concepto de Gordon Neufeld que me acompaña desde hace años: la tribu de apego.

Solemos imaginar la separación como la ruptura de una unidad. Sin embargo, quizás una pregunta más útil sea otra: ¿Cómo preservar —e incluso ampliar— la red de vínculos que sostiene a un niño?

Como escribe Ricci:

«When children believe—because their parents believe—that they have an expanded family that includes two intact homes where they belong and are wanted, everyone gains the security of continuity…»

«Cuando los niños creen —porque sus padres también lo creen— que tienen una familia ampliada que incluye dos hogares donde pertenecen y son queridos, todos ganan la seguridad que brinda la continuidad.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Leyendo estas líneas pensaba justamente en la idea de la tribu de apego. Porque los niños no se apegan a una casa. Se apegan a un hogar (o a varios). Se apegan a las personas. A quienes los esperan, los conocen, los recuerdan y les ofrecen un lugar al que regresar.

Como suele recordar Gordon Neufeld, el apego no es un lugar físico. Es una relación.

Cuando una familia se transforma, la tarea no consiste únicamente en organizar dos hogares. También consiste en proteger esa red de relaciones que permite al niño seguir sintiéndose acompañado mientras el mundo cambia a su alrededor.

«Children who do best are those whose parents make them feel loved and wanted in each home, whose parents have a way to relate to one another that keeps the children out of their disagreements…»

«Los niños que mejor atraviesan estas situaciones son aquellos que se sienten queridos y deseados en ambos hogares y cuyos padres encuentran maneras de relacionarse que los mantienen al margen de sus conflictos.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Leyendo estas palabras me volvía una y otra vez a una idea central de Gordon Neufeld: el apego no es el objetivo final de la crianza. Es el contexto en el que ocurre la maduración. Cuando los niños pueden descansar en sus vínculos, se vuelven más capaces de adaptarse a los cambios que no eligieron, de desplegar gradualmente su propia individualidad y de integrar pensamientos y emociones complejas y a veces contradictorias.

Quizás por eso la pregunta no es solamente cómo organizamos dos casas, sino cómo preservamos las condiciones relacionales que permiten que esos procesos madurativos sigan desarrollándose.

¿Quién seguimos siendo para nuestros hijos?

Otra idea de Neufeld que me acompaña con frecuencia es esta:

«The secret of parenting is not in what a parent does but rather who the parent is to a child.»
«El secreto de la crianza no está en lo que un padre hace, sino en quién es para su hijo.»

– Gordon Neufeld

Cuando una familia se transforma, es fácil quedar atrapados en cuestiones logísticas: horarios, calendarios, acuerdos, traslados. Todas son importantes. Pero esta frase nos devuelve a una pregunta más esencial:

¿Quiénes seguimos siendo para nuestros hijos mientras atravesamos estos cambios?

Ricci lo expresa de otra manera:

«Nothing can substitute for you in your child’s life.»
«Nada puede sustituirte en la vida de tu hijo.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

Y continúa recordándonos que son los propios padres quienes pueden transmitir a sus hijos que siguen teniendo una familia, que siguen siendo importantes y que continúan perteneciendo.

Me parece una idea profundamente esperanzadora. Porque nos recuerda que la familia puede cambiar de forma sin desaparecer.

Un libro que me ayudó a cambiar de pregunta

Si tuviera que resumir qué me dejó este libro, diría que me ayudó a pasar de una preocupación a una responsabilidad. De preguntarme cómo evitar todos los errores a preguntarme cómo cuidar aquello que realmente importa.

Así como no existen familias perfectas, tampoco existen separaciones perfectas. Pero sí existen vínculos capaces de ofrecer continuidad, pertenencia y seguridad en medio de los cambios.

Quizás por eso me gustó tanto este libro. Porque no propone construir dos casas perfectas. Propone algo mucho más valioso. Ayudar a que los niños sigan sintiéndose parte de una tribu. Una tribu que puede cambiar de forma. Una tribu que puede reorganizarse. Pero que sigue estando ahí cuando la necesitan.

Y quizás esa sea una de las ideas más esperanzadoras que encontré en estas páginas:

«Finding a way to relate constructively is the key to unlocking a happier future.»
«Encontrar una manera de relacionarse constructivamente es la llave para abrir un futuro más amable.»

— Isolina Ricci, Mom’s House, Dad’s House

No sólo para los adultos. También para los niños que observan, día a día, cómo construimos el mundo en el que van a crecer.

Quizás crecer como madres y padres tenga algo de eso. De revisar los guiones con los que llegamos al mundo. De tomar prestados algunos mapas. Y, poco a poco, encontrar una voz propia desde la cual construir nuestros vínculos.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *