No criar en soledad: la importancia de la tribu en la crianza

No criar en soledad: la crianza compartida como necesidad, no como moda

Se suele decir que no criar en soledad es lo ideal.
La frase circula como un consejo bienintencionado, pero a veces suena más a consigna marketinera, o a un mandato más que se le suma a la espalda de mapadres, que ya cargan demasiado sobre sus hombros.

Sin embargo, cuando el contexto empuja al aislamiento —jornadas laborales sin comienzo ni fin, redes familiares lejos, crianza puertas adentro—, NO CRIAR EN SOLEDAD deja de ser un lema y se vuelve algo utópico, casi imposible.
Y es ahí cuando el mandato se transforma en deseo.
En necesidad.

Cuando no criar en soledad se volvió una experiencia personal

Fui madre justo antes de la pandemia.
Y durante mucho tiempo, la crianza fue puertas adentro.

La casa, el silencio, el tiempo suspendido.
Un bebé, dos cuerpos, un mundo reducido.
Y una sensación persistente: la falta de otros.

Otros adultos.
Otros bebés.
Otras miradas que devuelvan algo de lo que una está viviendo.

No se trataba de “salir a hacer algo”.
Se trataba de no criar en soledad.

El deseo de salir y de no criar en soledad.

Durante mucho tiempo, salir de casa no fue posible.
Y cuando empezó a serlo, apareció un deseo profundo, casi urgente:
estar con otros, compartir espacio, respirar con otros cuerpos.

Recuerdo las primeras veces que fuimos a un espacio de juego.
Íbamos con barbijo.
Con cuidado.
Con miedo incluso.

Y sin embargo, la felicidad era tan grande que nada de eso importaba.

Había algo que se ordenaba apenas entrábamos.
Algo que el cuerpo reconocía.
Algo que decía: acá no estamos solos.

Los bebés también necesitan a otros

Muchas veces se piensa que los bebés “todavía no juegan con otros”.
Y es cierto, si pensamos el juego desde la lógica adulta.

Pero los bebés sí se encuentran.
Se observan.
Se imitan.
Resuenan.
Se regulan mutuamente.

Estar con otros bebés no es un extra.
Es parte del desarrollo.

Hay cosas que no suceden en casa, aunque el hogar sea amoroso y presente.
Hay aprendizajes silenciosos que emergen cuando hay otros cuerpos, otros ritmos, otras presencias.

La plaza vs un espacio preparado: no son lo mismo

La plaza es valiosa.
Es aire, es cielo, es movimiento espontáneo.
Pero también es imprevisible, cambiante, a veces abrumadora.

Un espacio de juego preparado —como crEO— es otra cosa.

No porque sea mejor, sino porque es distinto.

Tiene encuadre.
Tiene continuidad.
Tiene adultos disponibles que sostienen el clima.
Tiene materiales pensados para invitar, no para estimular.
Tiene tiempo.

En un espacio así, los procesos pueden desplegarse con mayor profundidad.
Los vínculos pueden afianzarse.
La confianza puede crecer.

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La importancia de la tribu: sostén emocional para mapadres y bebés

No criar en soledad o su equivalente, criar en tribu, no es una consigna marketinera.
No es una tendencia.
No es un lujo para cuando “se puede”.

Es una necesidad profunda, tanto para los bebés como para los adultos.

Los mapadres también necesitan:

  • verse reflejados en otros
  • escuchar que lo que les pasa no es único
  • sentirse acompañados
  • soltar, aunque sea un poco, la exigencia de hacerlo todo solos

Criar en soledad desgasta.
Criar con otros sostiene.

De mi experiencia personal a crEO

Ese deseo profundo de encuentro, esa añoranza de espacios de juego libre, esa necesidad de no estar sola…
fue parte de lo que dio origen a crEO.

crEO nace de una experiencia vivida, no solo de una idea.
De haber sentido en el cuerpo lo que significa criar sin tribu.
Y también lo que sucede cuando el encuentro finalmente acontece.

Hoy, crEO es un espacio donde bebés y adultos pueden encontrarse con otros, sin apuro, sin exigencias, sin consignas.
Un lugar donde salir de casa no es “hacer algo”, sino habitar un tiempo compartido.

No criar en soledad: porque criar nunca fue un acto individual

Aunque muchas veces nos hagan creer que sí.

Criar siempre fue —y sigue siendo— un acto colectivo.
Relacional.
Vincular.

Salir, encontrarse, compartir espacio con otros bebés y otros mapadres no es un complemento de la crianza.
Es parte de ella.

Y cuando eso sucede en un entorno cuidado, con presencia adulta y respeto por los tiempos de cada quien, algo se acomoda.

En los bebés.
Y también en nosotros.

Eso es lo que sucede en los encuentros de juego libre para bebés: el encuentro con otros adultos también sostiene la crianza.

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