


Pensar en mapadres (cuando todavía no estaban)
En los comienzos de crEO, cuando el proyecto todavía era idea, intuición y deseo, pensé en mapadres y en la crianza compartida desde el inicio.
No en madres. No sólo en mujeres. En mapadres.
Las propuestas de juego libre con bebés —al menos en el imaginario colectivo— estaban (y siguen estando) dirigidas casi exclusivamente a ellas: a las madres, a las mujeres, a las puérperas.
Sin embargo, yo insistía en escribir mapadres. En hablarle a un colectivo que, durante mucho tiempo, parecía no existir.
Los primeros meses —incluso el primer año— me sentí un poco militante.
Y, a veces, francamente ridícula.
Porque la realidad era contundente: todas las que me escribían eran madres.
Hubo un momento en que pensé en aceptar la frustración y hacer el duelo pertinente.
En repensar el segmento, redefinirlo, adaptarme.
Pero algo en mí —una convicción profunda, terca— me llevó a persistir. A insistir.
Pensar en mapadres: crianza compartida en un mundo que habla sólo a las madres
Insistir no fue cómodo.
Fue, muchas veces, ir a contracorriente de lo esperado.
Hablar de crianza compartida cuando la demanda parecía venir de un solo lado.
Nombrar a los padres cuando no aparecían.
Sostener una idea aun cuando no tenía correlato inmediato en la realidad.
Pero insistir también era una forma de cuidado.
De cuidado del proyecto.
Y, sobre todo, de cuidado del vínculo entre bebés y sus cuidadores.
Cuando la idea empieza a encarnar en el grupo: juego libre y crianza compartida
Y entonces pasó.
Un día, una de las madres que venía al grupo se me acercó tímidamente y me dijo que le gustaría que su bebé viniera dos veces por semana, pero que uno de esos días quisiera que la acompañara el papá de su hija.
Al principio yo también pensé que era buena idea que vinieran juntos.
Pero enseguida nos dimos cuenta de algo más potente: esa podía ser una gran oportunidad.
Una oportunidad para que esta mamá —dedicada 100% a la maternidad y a la casa— tuviera un espacio propio.
Un recreo.
Un respiro.
Comenzaron a alternarse:
venían dos veces por semana, una vez cada uno.
Luego empezaron a venir tres veces:
una vez cada uno y una compartida.
Con el tiempo, llegaron nuevos mapadres.
Algunos venían juntos.
Otros se turnaban.
Otros combinaban, según el momento vital, laboral o emocional que estuvieran atravesando.
La idea, finalmente, empezaba a tomar forma.

Las cosas buenas llevan tiempo (y mucho trabajo)
Sentí una profunda alegría.
Y también alivio.
El alivio de no haber desistido antes de tiempo.
Porque las cosas buenas claramente llevan tiempo.
Visión, sí.
Pero también muchísimo trabajo.
Para muchos padres, crEO es la primera vez que se quedan solos con su hijo o hija en un espacio que no es su casa, sino un encuentro de juego libre pensado para bebés y mapadres.
A veces, incluso, es la primera vez que se quedan solos con su hijo o hija, a secas.
El desafío es grande.
Pero la confianza está
y, si no está, se contagia.
Entre los padres.
Entre las madres.
En el grupo.


La flexibilidad como condición del juego libre y la crianza compartida
Y siempre supe algo más: la flexibilidad es clave.
El bebé se enriquece con la presencia y el acompañamiento de cuidadores diversos,
siempre y cuando estén atentos a sus necesidades y emociones,
le transmitan calidez, disponibilidad y alegría de estar con él o ella,
y se comprometan a cuidar y preservar sus otros vínculos de referencia.
Y, siempre y cuando, podamos trabajar juntos para ofrecerle un entorno previsible, ordenado y estable.
El bebé en el centro: adultos que acompañan sin invadir
Porque en crEO, durante el juego, la “estrella” es el bebé.
Los adultos -como mucho- somos escenógrafos, ambientadores o actores de reparto.
De a poco, los mapadres van conquistando el espacio físico de crEO.
Encuentran su lugar en el grupo.
Y habitan, cada vez con más seguridad, el espacio simbólico del vínculo con sus hijos e hijas.
El vínculo se fortalece.
Se profundiza.
Se vuelve más propio.
Y, finalmente, todos salimos beneficiados.


Todo esto que describo no queda en una idea o en una intención.
Se encarna en cada encuentro.
Si querés conocer cómo se vive en la práctica, podés leer acá
👉 Qué pasa en un encuentro de juego libre.