Cuando pensamos en un grupo de juego libre solemos imaginar a los bebés, a los adultos que los acompañan y a las interacciones que se generan entre ellos. Sin embargo, hay otro elemento fundamental que muchas veces pasa desapercibido: el espacio. A la hora de pensar y preparar un grupo de juego libre, el espacio también juega.
En crEO prestamos mucha atención a las condiciones del ambiente. La luminosidad, las dimensiones del lugar, la escala de los objetos, los materiales disponibles, las perspectivas que se abren desde distintos puntos del espacio e incluso los llamados puntos ciegos forman parte del diseño del entorno. Nada de esto es casual. El espacio no es simplemente el lugar donde ocurre el juego: es un material más de exploración y aprendizaje para los bebés.

El espacio que no registramos
Estamos tan acostumbrados a habitar los espacios que muchas veces dejamos de percibirlos. No solemos preguntarnos dónde nos ubicamos, qué vemos desde ese lugar o qué queda fuera de nuestro campo de visión. En los encuentros suele suceder algo interesante: muchos mapadres eligen un lugar y tienden a volver a ese mismo lugar encuentro tras encuentro. No es casual. Cada ubicación ofrece una perspectiva distinta, una cercanía diferente con el mobiliario y los materiales, y también distintos puntos ciegos.
En los primeros encuentros suelo proponer algo simple: que cada adulto intente permanecer en un mismo lugar durante un tiempo y que, si necesita moverse —ya sea para cambiar de posición, ir al baño o buscar algo— lo anticipe a su bebé. Es importante que el bebé pueda registrar ese movimiento y comprender que su mamá o su papá no se está yendo, sino simplemente desplazándose dentro del espacio. Cuando los adultos nombran lo que va a suceder, los bebés pueden sentirse más seguros y orientarse mejor en el ambiente.
Al principio es frecuente que los bebés sigan a sus padres cada vez que se mueven. Con el tiempo, cuando el espacio se vuelve más familiar, esa necesidad suele disminuir. También sucede algo interesante: a veces cambiar de lugar puede abrir nuevas posibilidades. Hay bebés que permanecen muy cerca de su mamá o su papá porque los materiales interesantes quedan demasiado lejos de su punto de referencia. Cuando el adulto se reubica en otra zona del espacio, el bebé puede sentirse más libre para explorar.
Por eso, en los primeros encuentros suele ser útil encontrar un lugar que resulte cómodo para el adulto y, al mismo tiempo, atractivo para el bebé. Desde allí, poco a poco, el espacio empieza a ampliarse.
El espacio como sostén del juego y del movimiento
Cuando un espacio está bien preparado no solo permite el movimiento libre: también ofrece una sensación de sostén. Los bebés exploran con mayor libertad cuando perciben que el ambiente es previsible, que los límites son claros y que hay adultos disponibles que cuidan el entorno. Esa sensación de seguridad no depende únicamente de la presencia de los adultos, sino también de cómo está organizado el espacio.
Las distancias, los límites del ambiente, la disposición de los objetos y la ubicación de los adultos crean una especie de contorno o envoltura que sostiene la exploración. Cuando el espacio ofrece ese sostén, los bebés pueden aventurarse un poco más lejos, probar movimientos nuevos y regresar cuando lo necesitan. De alguna manera, el espacio funciona como una base desde la cual el bebé puede explorar el mundo.
Los bebés perciben el espacio con todo el cuerpo
Los bebés y niños pequeños tienen una percepción del mundo mucho más integral que la de los adultos. A medida que crecemos, nuestra experiencia del entorno se vuelve más compartimentada y solemos privilegiar la visión por sobre los otros sentidos. Los bebés, en cambio, perciben el mundo con todo el cuerpo y a través de todos los sentidos.
Para ellos el espacio cercano, el espacio lejano, el espacio alrededor de su cuerpo o el espacio que se abre cuando se desplazan no es algo abstracto ni invisible. Es algo que se experimenta físicamente. Los límites del ambiente, los objetos que lo habitan, los obstáculos, los contenedores en los que pueden entrar y salir, las superficies que pueden atravesar o rodear y las distintas alturas presentes en el espacio se convierten en oportunidades de exploración.
A través de estas experiencias corporales los bebés no solo se mueven: también van comprendiendo el mundo físico y, muy de a poco, entrando en el mundo simbólico.



Conquistar el espacio para comprender el mundo
Cuando un bebé se desplaza por el espacio empieza a construir nociones fundamentales que más adelante podrá expresar a través del lenguaje. Conceptos como arriba y abajo, adentro y afuera, cerca y lejos o delante y detrás primero se integran en el cuerpo antes de convertirse en palabras.
Por eso el movimiento y la exploración del espacio están profundamente ligados al desarrollo cognitivo y sensorial. Este proceso se relaciona con lo que llamamos movimiento libre, una mirada sobre el desarrollo infantil que propone respetar los tiempos y la iniciativa del bebé en su exploración del entorno.
Si querés profundizar en este enfoque, podés leer también el artículo Movimiento libre y estimulación temprana: dos formas de ver al bebé, al desarrollo y al vínculo.
ARRIBA Y ABAJO


ADENTRO Y AFUERA


Un espacio que habilita la improvisación
En los grupos de juego libre para bebés no hay actividades dirigidas ni consignas que indiquen cómo usar los materiales. Esto significa que el espacio se vuelve el escenario donde aparece la improvisación y la expresión espontánea de cada bebé. El entorno se prepara intencionalmente para que cada bebé pueda desplegar su iniciativa mientras comparte el espacio con otros.
El ambiente necesita ofrecer múltiples caminos posibles. Los materiales pueden ser utilizados de distintas maneras y cada bebé se apropia de ellos según su interés del momento. En lugar de proponer una única actividad, el espacio, el mobiliario y los materiales ofrecen posibilidades abiertas de exploración.
Un canasto, múltiples usos




Diseñar el espacio desde la perspectiva del bebé
Una de las preguntas centrales al preparar el ambiente es cómo percibirá ese espacio un bebé. Por eso el entorno se organiza intentando adoptar esa perspectiva. Mirar el espacio desde el lugar del bebé implica muchas veces bajar literalmente al piso. Cambiar la altura desde la que observamos transforma completamente la percepción del ambiente: aparecen nuevas escalas, nuevas distancias, nuevos detalles y nuevas posibilidades de movimiento que desde nuestra altura adulta pasan desapercibidas.






El lugar de los adultos en el espacio
El espacio también necesita albergar a los cuerpos adultos que acompañan a los bebés. Aunque los adultos no participan activamente del juego como lo hacen los niños, sí necesitan encontrar su lugar dentro del ambiente. En muchos grupos de juego libre los adultos se ubican en la periferia del espacio, cerca de las paredes, mientras que los bebés ocupan el centro.
Esta organización permite que los bebés se muevan con libertad y, al mismo tiempo, facilita que los adultos puedan observar, acompañar y sostener el ambiente sin invadir el juego.
Este rol de observación y acompañamiento es una parte importante del encuentro. Si te interesa profundizar en esto, podés leer también qué hacen los adultos en un grupo de juego libre.



Redescubrir el espacio también para los adultos
Para muchos adultos, acompañar a un bebé en su movimiento libre implica redescubrir el espacio de una manera nueva. A medida que asisten a los grupos, comienzan a comprender cómo el espacio también juega.
En nuestra propia infancia muchas veces no se nos permitió habitar el piso ni movernos libremente por el entorno. Por eso, al observar a los bebés explorar el espacio, muchos adultos comienzan también a desarrollar una nueva conciencia corporal y espacial.
Si te interesa profundizar en la importancia del cuerpo del adulto al acompañar el movimiento libre, podés leer también el artículo Movimiento libre en bebés: cuando el cuerpo del adulto también importa.
Este aprendizaje suele extenderse al hogar. Muchas familias empiezan a reorganizar sus propios espacios para que los bebés puedan moverse y explorar con mayor libertad. En este otro artículo vas a encontrar algunas ideas sobre cómo adaptar el espacio y facilitar el movimiento libre en casa.

Cuando el espacio es la naturaleza
Por último, es interesante recordar que estamos hablando de un espacio diseñado por humanos. Cuando el juego libre ocurre en la naturaleza, muchas de estas condiciones aparecen de forma espontánea. La naturaleza ofrece desniveles, superficies diversas, texturas, obstáculos, pendientes y materiales que invitan naturalmente a explorar.
Cuando diseñamos ambientes para bebés intentamos recuperar algo de esa riqueza natural: un espacio vivo, diverso y abierto a la exploración.

